Dirección General de Cultura y Educación

Querandies

Mapa realizado por Sebastián Caboto, en el que se representan no sólo los territorios, sino también, los recursos naturales y sus habitantes.  Querandí (hombres con grasa) fue la denominación que los guaraníes le dieron a los indígenas conocidos como pampas, debido a que en su dieta cotidiana, consumían carne y despedían olor a grasa animal porque también utilizaban sus cueros para abrigarse. Los araucanos les dieron el nombre de los puelches. Ulrico Schmidl, quien participó de la expedición de Magallanes y actuó como cronista y dibujante, se refiere en sus escritos a estos grupos como carendies.

Según narran los cronistas, en especial Schmidl, esta parcialidad ocupaba una amplia zona, comprendida por los actuales territorios de la provincia de La Pampa, el centro-sur de Córdoba y Santa Fe (margen derecha del río Paraná) y el sur de Buenos Aires.

Las descripciones realizadas por Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdéz, en su Historia general y natural de las Indias, islas y tierra-firme del mar océano y los dibujos legados por Ulrico Schimidl, dan cuenta que los querandíes eran gentes robustas, de piel morena, muy fuertes. Los hombres iban desnudos o usaban un delantal de fibra vegetal o cuero. Las mujeres se cubrían con un delantal de paño que le llegaba hasta las rodillas. Se abrigaban con mantos confeccionados con cueros de nutrias.

Ubicados en las cercanías de los ríos, se dedicaron a la pesca, para lo cual utilizaron redes. No eran pueblos canoeros. Usaron morteros de piedra para elaborar harina de pescado. También recolectaron moluscos fluviales. Pero, fundamentalmente, se dedicaron a la caza de las muchas especies que habitaban por entonces la región pampeana: nutrias, ñandúes, perdices, ciervos. Completaban su dieta con la recolección de frutos. Luego de producido el despoblamiento del primer asiento de Buenos Aires (1536), incorporaron a su alimentación el ganado traído por los españoles y que fue reproduciéndose libremente en la pampa. Schimdl quedó asombrado por la capacidad para correr y la habilidad que tenían cuando cazaban. Describió de qué manera boleaban a los animales:

"[...] También emplean unas bolas de piedra aseguradas a un cordel largo; son del tamaño de las balas de plomo que usamos en Alemania. Con estas bolas enredan las patas del caballo o del venado cuando lo corren y lo hacen caer [...]"
Schmidl, Ulrico. Viaje al Río de la Plata. Buenos Aires: Nuevo Siglo, 1995, p. 18

Mantuvieron vinculaciones comerciales con otras parcialidades indígenas. Por ejemplo, con los guaraníes, a partir de quienes conocieron el maíz, aunque no se sabe cuál era la utilidad que le daban los querandíes. También realizaban trueque; el elemento de valor que poseían era el cuero, que intercambiaban por productos de otras regiones.

El cronista Ruy Díaz de Guzmán describió el ambiente y los hombres que poblaban estas tierras:

"[...] en los llanos que van continuando a Buenos Aires, a donde hay desde la boca de este río otras 20 leguas: es toda aquella tierra muy llana; los campos tan anchurosos y dilatados, que no hay en todos ellos un árbol: es de poca agua, y de mucha caza de venados, avestruces y gran suma de perdices, aunque de pocos naturales; los que hay son belicosos, grandes corredores y alentados, que llaman Querandís: no son labradores, y se sustentan de sola caza y pesca; y así no tienen pueblos fundados ni lugares ciertos, más de cuanto les ofrece la comodidad de andar de ordinario esquilmando los campos. Estos corren desde Cabo Blanco, hasta el Río de las Conchas, que dista de Buenos Aires cinco leguas arriba, y toma más de otras sesenta la tierra adentro hasta la Cordillera, que va desde la mar bojeando hacia al Norte, entrando por la gobernación de Tucumán".
Ruy Díaz de Guzmán. La Argentina. Buenos Aires: Estrada, 1943, Libro I, cap. IV.

Querandíes, según la representación de Ulrico Schimdl. Se pueden observar armas y fauna y flora circundante. Acostumbrados a deambular por la pampa siguiendo a sus presas, o a mantenerse por algún tiempo en lugares donde el alimento abundaba, confeccionaban sus viviendas. Se trataba de toldos que les permitían desmontarlos y trasladarlos con facilidad. Para armar la estructura de los toldos utilizaban palos, y cueros de caballo o yegua para cubrirlos.

 

Según narraron los españoles, los querandíes estaban organizados en tribus. Cada una de ellas organizaba una aldea temporaria en cierto territorio y sus integrantes respondían a un jefe. Se sabe que en estas comunidades no existía diferenciación social entre sus miembros, e incluso, los forasteros eran aceptados y tratados en igualdad de condiciones a los miembros originarios. Tal fue el caso del español Cristóbal Altamirano que fue cautivo de los querandíes:

"Era esta nación de Querandíes la que tenía en cautiverio á Cristóbal Altamirano, tomado antes por los Charrúas. La precipitación con que se alejaron los bárbaros á la primera noticia de españoles les hizo caer en olvido á su cautivo. Fluctuó este algunos momentos entre el partido de seguirlos ó el de volverse a los españoles. El odio irritado de los bárbaros le hacía desconfiar de su vida, así poniéndose á su discreción, como emprendiendo una fuga en que temía ser cortado. Resuelto por fin á lo primero se incorporó á los indios vendiéndoles por fineza esta fidelidad".
 Funes, Gregorio. Ensayo de la historia civil del Paraguay, Buenos Aires y Tucumán.Buenos Aires: J. L. Rosso y Cía, 1910, L. II, cap. XI.

Los cronistas los describieron como un pueblo aguerrido:

[...] De esta ciudad (Buenos Aires) arriba hay algunas naciones de indios, y aunque tienen diferentes lenguas, son de la misma manera y costumbres que los Querandís; enemigos mortales de españoles, y todas las veces que pueden ejecutar sus traiciones, no lo dejan de hacer".
Ruy Díaz de Guzmán. La Argentina. Buenos Aires: Estrada, 1943, Libro I, cap. IV.

Enfrentamiento entre querandíes y españoles, según un dibujo de Ulrico Schmidl. La población masculina se dedicaba a las actividades militares. Sus armas fueron el arco y la flecha cuyas puntas eran de piedra cuarcita o sílex. Usaban flechas incendiarias, con las que destruyeron el primer asentamiento de Buenos Aires levantado por Pedro de Mendoza, en 1536. También utilizaron dardos, bolas perdidas, lanzas, boleadoras. Antes de entrar en combate, las mujeres y los niños eran puestos a resguardo y alejados de la zona de conflicto.

Antes de atacar al enemigo, organizaban una formación para poder desplazarse en forma homogénea y compacta. La lucha cuerpo a cuerpo restó movilidad a los españoles y les impidió poner en juego su artillería. Los enfrentamientos con los querandíes ocasionaron estragos en las filas de los conquistadores.


Viaje al Río de la Plata " Ulrico Schmidl